sábado, 1 de febrero de 2014

XXVII: Si es que no valoras nada (o yo me cierro a lo evidente)




Te bajo la luna

y me la tiras a la cara.

A ver, vida mía,

puedo entender

tus neuras,

que comas palomitas

untadas en mermelada,

que, de repente,

me bañes a besos,

y que, sin sucederse 

nada relevante,

en una pequeña fracción 

de tiempo

me escudriñes
inyectada en cólera, 
en un tono que 
roza lo desafiante
(así, sin más, de un momento para otro).
Pero, mujer,
que te baje la luna
y me la tires a la cara.
Pues no sé,
me lleva a pensar
que nada sacia 
tu curiosidad;
que por más que me esfuerce
el roto de tu alma
escapa a mis detalles 
como el agua al colador.
A ver, mi amor, 
qué quieres que te diga;
puedo alistarme 
en tus cambios de humor,
sondear tus manías
y diferenciar 
afectos subliminales
(aun cuando otro, a lo poco, vería esquivez);
incluso 
puedo dejar
que me eches de la cama
cuando, 
según tú,
robo parte de tu almohada.
Pero, cariño, 
que te baje la luna
y me la tires a la cara…

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