sábado, 4 de enero de 2014

XXII: Discusión de enamorados (por falta de medicación)


Confróntame cuando sea mentira.
Linda obsesión la tuya, 
y yo reclutando verdades.
Criticas por vicio, pero mejor me callo.
Ten en cuenta que, si esto sale rana,
tendré que desquitarme con otra,
tu cólera será con razón, pues.
Mujer, el hambre se sacia comiendo,
y ni tú eres Capuleto ni yo Montesco,
déjate de dramas sin cartelera,
que aquí no ha pasado nada.
(por no pasar, no pasa ni el tiempo en ésta absurda discusión que me agota...).
“Un arquetipo de cabrón es lo que eres”, 

me sueltas, así, de repente, sin venir a cuento.
Para Santa, mi paciencia.
“Y yo sin ponerte los cuernos…”, pienso.
“Mejor revísate ese ojo clínico
del que tanta gloria emanas,
que el orgullo empieza a capearte,
y no al revés”, te suelto yo, por soltarte algo
(porque entender, no entiendo ni media).
Me voy a construir un monumento,
si es que no me construye él a mí.
Con esa mente brillante que dices tener,
(me rindo ante tu capacidad resolutiva)
y enganchada al jaque mate sin fricción.
Desperdicio entonces.
Mis sentimientos son reales,
igual que mis palabras,
aunque de nada sirva decirlo.
Disculpe usted a este intento de romántico,
señorita, "perfección" donde las haya.
¿Y si te dejas de análisis rocambolescos y me sientes?,
que no soy tu paciente, vida mía,
(bendita cátedra de psicología la tuya).
A estas alturas,
tus reproches mes lo pongo por bufanda,
después de seis años apelando,
y un doctorado en leyes ciudadanas,
creo tener algún derecho, ¿no?
Y de arañarme ni lo sueñes,
hasta ahí podríamos llegar,
de princesa a gata en celo.
Todavía tengo el disfraz del buen amante,
el que me obligas a quitarme a diario.
Porque,
si te digo que te quiero, miento,
si no te lo digo, adiós carné de príncipe azul
(aquel que me asignaste cuando aún tenías sentido del humor).
Si juro que tu amiga no me gusta,
también miento,
por lo visto, se me cierra y abre la comisura de los labios
de no sé qué modo,
pero un modo que según tú no hace más que delatarme.
Si no me arreglo, no me preocupa gustarte,
si me arreglo, me gusta otra.
En serio, ¿no te cansas?
Obra maestra la de Dios
(ni Bach ni ostras en vinagre),
que ni el mejor de los físicos,
por más especialidad que tenga,
descifra tus neuronas sin morir en el intento.
Mira, mujer, como ya no sé qué más decirte,
mejor lo dejamos por hoy,
si eso seguimos mañana,
¿te parece?
"Ves, mientes, por eso evitas la conversación. Te odio."
"¿¡Conversación...!?", me pregunto.
"Yo a esto más bien lo llamaría
desacreditación gratuita.
Un sinsentido que sólo entiendes tú.
Definitivamente, te equivocaste de estudios, mi reina.
Lo tuyo hubiesen sido las causas sin justicia,
y lo mío, puede,
los diagnósticos sin receta.
Curioso, ¿nos cambiamos las carreras?", te replico.
"Vete a la mierda", rebates.
"Ah, ¿que hay más mierda todavía?". 


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