martes, 24 de diciembre de 2013

VIII: Pamplinas con pamplineros


Sé lo que te cuentan para luego descontarte: 
"Soy el último romántico", 
"No soy como los demás", 
"¿Infiel?, ¡yo nunca te sería infiel!".
(Espera, perdón, que aquí me detengo para reírme… Sigamos).
Que las mentiras no van con ellos, que ellos prefieren verdades aunque duelan.
Blablablá, blablablá, blablablá.
Si me esfuerzo, hasta la rima se pone de mi parte. 
Románticos a jornada completa, 
conocedores de un elixir que los convierte en inmutables, 
ajenos al movimiento, a los cambios de parecer, de perecer, de padecer; 
¿Romántico si me comparo?,
no es mi intención ofender a la lógica del aplastamiento, a la capacidad del intelecto.
A ver, mujer, que si siempre te seré fiel, que si siempre te amaré…, claro, por supuesto,
del mismo modo que rechazo la inmortalidad y anhelo la paz en el mundo entero.
Seamos claros, ¿qué deseas, pues?, 
¿un galán de cunas que reviva y seque ingentes lagrimales en modo "refraneros populares"? 
¿un juglar, tal vez, que recite sonetos hasta atrincherarte en el auto-ahogamiento? 
La mía es una opción sin malgastar, quizá porque nadie tiene la patente,
y es la de "ni bueno ni gamberro, ni calzonazos ni mujeriego".
Ni fiel, ni infiel, más bien caduco, 
que improvisa según se sondean acontecimientos. 
Imperfecto en cuanto al todo se refiere, sincero a groso modo, 
mentiroso cuando toca diplomarse;
o cuando mi cabeza ahuyenta balbuceos. 
Libre de la necesidad de agradar, artificiero de lo pernicioso.
Ni mentiroso ni sincero, reservado en el pasado, 
del futuro todavía no guardo recuerdos, 
y en el presente sigo batallando, en este cuerpo que no desmiente.
Si llegase el día en que me mirases la mirada para saber qué siento, 
prometo estudiar mis sentimientos. 
Y mira que ni con ésas te aseguro estar en lo cierto.
Así que, aquí me tienes, apuestamente imperfecto, 
amante de la contrariedad, fugazmente vanidoso, 
enemigo de "a mi imagen y semejanza". 
Con mis quejas y contradicciones, quitando telarañas, 
con fuego en la mirada, que quizá sea, junto con mi pueril honestidad, 
lo mucho y poco que poseo del acierto.
Esta es la versión completa, la de modestias a partes, la de tú a tú.
Pero si gustas, te vendo la de "mis ojos son tus ojos, tu boca, el reclamo de mi piel". 
La de "qué es de mi vida sin tu vida", 
la de rimas bien chocantes. 
La de amores sin frenos, la de bálsamos que operan corazones, 
así, a la desesperada, colapsando las listas de espera.
Baste como muestra mi intento de ser sincero, 
el entregarte un amor que cure la pesadez de estómago, 
sin necesidad de Ibuprofeno, ni ungüentos milagrosos, sólo siendo.
Lo de proclamarme romántico casi me suena a redundancia, 
a metáfora sintáctica, a recurso lingüístico, a pareado sin pareo.
Entiendo, entiendo tu desconcierto, gracias por llegar hasta aquí, ha sido un placer. 
Pero no negarás que, lo que ha durado, ha sido intenso. 
Me despido con un: quizá en otra vida, o con: puede que no sea este nuestro momento.
O: acabamos de conocernos, mejor si nos damos un tiempo.

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