domingo, 10 de noviembre de 2013

Microrrelato: El tiempo, quizá, vale más que tu duda

El tiempo, quizás vale más que tu duda.

Corría el año 58 cuando me pregunté si podría hacerlo; ¡ahora hace tanto que no nos vemos! Como buen filósofo que fui y soy, me quedé pensando, sopesando los pros y los contras. Mientras tanto, las farmacéuticas ponían a disposición del consumidor nuevos brebajes que prometían milagros, al tiempo que otras inventaban vacunas para enfermedades que más tarde dirían curar. La tecnología avanzaba a pasos agigantados, lo nunca visto, la revolución. Mi viejo Chévrolet, antes la envidia de tantos, empezó a quedarse anticuado. Mi melena, aquella que decías adorar, iba emblanqueciendo; pero eso no es lo peor, lo peor es que a día de hoy apenas queda el recuerdo de lo que fue. Lo que sucede es, y por eso te escribo esta carta en puño y letra, a la antigua usanza, (sí, amada mía, sigo siendo un romántico) que ya sé la respuesta a mi pregunta, y, curiosamente, se responde con otra interrogación:
¿Quieres casarte conmigo?

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