viernes, 27 de septiembre de 2013

Poesía: Porque sé que te sigo amando

Porque sé que te sigo amando

Sigo naufragando en el abismo de tus ojos,
los mismos que un día parecieron atravesar mi alma.
Cuando no te tengo delante, cuando solo te pienso,
procuro volver a amarlos,
pero cara a cara, palabra a palabra, me desquicias…
¿Dónde está ese amor que fue nuestro?
Esas mariposas que escampaban a sus anchas minutos antes de encontrarnos.
¿Dónde quedó el influjo de nuestros versos sin rima?
Mas la cadencia residía en cada letra aún sin articular.
¿Por qué los suspiros ya no son compañeros de sonrisas?
Por qué todos los intentos de hablarte con calma son en vano
si mi corazón parece amarte todavía.

Dónde se guarda la rabia, la desidia.
Dónde se entierra el hacha de guerra para perderla de vista.
Qué hacer con este sentimiento de amor que es tan grande, cuando no te tengo delante.
Escucha, mi amor, porque mi amor eres, porque siento que te amo…
dicen que hablando se arreglan los problemas,
¿y si en lugar de proferir como grillos, pasamos a desnudarnos?
A rozar nuestra piel como antes,
como en aquellos tiempos donde el tiempo parecía no existir,
y el rencor era cosa de relaciones pasadas no presentes.
Escucha, mi amor, ¿y si dejamos las letras para poemas inconclusos y pasamos a la acción?
Sí, creo que eso haré.
Cuando te tenga delante, taparé tus cuerdas vocales,
y me lanzaré a tus brazos.
Sí, eso haré.
Y si resulta no ser suficiente, quizás solo quede una idea, la de: ni contigo ni sin ti.
Y puede, entonces, que tenga que matar este amor que nos une y nos aleja
que nos atrapa y nos envuelve,
que nos calla y nos entrega al incómodo silencio.
Un silencio antes inimaginable.
¿Sabes, mi amor? Es una lástima, porque siento que te quiero…
Quizás sufro de capricho, de comodidad, puede que de impulso.
Quizás enfermé de ceguera hace un tiempo y luego me curé.
¡Qué importa! Pues mucho, importa mucho.
Lo suficiente para escribirte estas letras que me inspiran tu imagen.
Nuestros tiempos, tiempos vividos en infinitos lares,
demasiados para cesar la lucha.
¿Sabes, mi amor? Hoy cuando te vea me lanzaré a tus brazos para que me hagas el amor.
Aunque mucho me temo que no será así…
Que lo que será es que, abriré la puerta, te diré hola, me responderás.
Te miraré, me mirarás, me preguntarás cómo me ha ido el día,
te contestaré sin ganas.
Tú te sentarás, yo me sentaré. En el mismo sofá que antes era testigo de nuestros...
Tú cambiarás de canal, yo encenderé el ordenador,
ese aparato que, es lo único que parece importarme cuando cruzo la puerta de nuestro hogar.
O quizás no, quizás, mi amor, cuando hoy llegue a casa, consiga echarme a tus brazos,
y te haga el amor.





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